La tolerancia al consumo de alcohol depende de la genética

Según la ciencia, hay características comunes de acuerdo a la etnia de pertenencia. Hay personas que padecen las consecuencias etílicas con sólo un vaso y otras, en cambio, se ven afectadas luego de beber una botella.

En medio de los festejos por el fin de año, el consumo de alcohol en las celebraciones es parte de la cotidianidad y, si bien algunas personas se destacan por su mayor o menor tolerancia a sus efectos, la ciencia puede dar cuenta de estas diferencias a partir de la genética, una variable que clarifica las manifestaciones de nuestro cuerpo y sus reacciones ante diferentes estímulos.

Más allá de las singularidades de cada persona ante la tolerancia al consumo de alcohol, a Adrián Turjanski, Director Científico de Bitgenia e investigador, dijo: “Hay características genéticas comunes entre las diversas poblaciones. Podemos observar diferente pigmentación en la piel, prevalencia de un color de ojos con respecto a otros, o bien, un promedio de altura diferente, entre otras características. Así como vemos rasgos físicos diferentes también observamos diferencias en la tendencia a desarrollar enfermedades, el modo en que respondemos a los alimentos o las bebidas, entre otras singularidades”.

Cómo respondemos al consumo de alcohol

Una vez ingerido, el alcohol es metabolizado por nuestro organismo y en este proceso se van generando metabolitos intermedios, como el acetaldehído que, según la forma en que es asimilado por nuestro cuerpo, puede generar consecuencias en menor o mayor tiempo, dejando a su paso el impacto de los síntomas desagradables que experimenta el cuerpo luego de tomar mucho alcohol, es decir, una resaca.

En este sentido, Turjansky afirma: “Algunas personas tienen una descomposición más rápida del etanol y acumulan acetaldehído más fácilmente en el cuerpo. Debido a que el acetaldehído tiene efectos dañinos en el cuerpo de las personas en las que se descompone rápido el alcohol, tienen menos probabilidades de beber en exceso y también menos posibilidades de dependencia a la bebida”. Por el contrario, “aquellas personas con metabolismo acelerado suelen tener resacas más severas y con mayor frecuencia”.

El alcohol y la genética

El especialista señaló que conociendo nuestro cuerpo y sus características genéticas podemos determinar cómo puede reaccionar ante los diversos estímulos etílicos.

La alcoholdeshidrogenasa 1B (ADH1B) es una enzima hepática que cataliza la conversión de alcohol a acetaldehído. Se observó una asociación entre la presencia de una variante en el gen de esta enzima y el desarrollo de dependencia al alcohol: conocida en la literatura como la ADH2*2, es la variante con mayor actividad de la enzima (lo que significa una oxidación más rápida del etanol a acetaldehído).

Cómo influye el alcohol en las diversas poblaciones

El referente de Bitgenia destacó los resultados de diversos estudios genéticos que permitieron identificar aspectos comunes sobre la tolerancia al alcohol. “Mientras que sólo un 40% de la población europea tiene la versión atípica de la ADH (ADH2*2), la población asiática oriental la tiene en un 85%”.

“Además, la forma inactiva de la ALDH2 (ALDH2*2) tiene una incidencia del 10% en caucásicos, mientras que en orientales es del 40%. Esto supone que una proporción muy alta de los asiáticos, sobre todo aquellos de ascendencia china, nipona, mongola y vietnamita, tendrán una resaca antes que la mayoría de los caucásicos por la acumulación en su organismo de acetaldehído”, concluyó el investigador.