Los outsiders: escritores, economistas e historiadores se apasionan, cuentan y analizan el Mundial

Conmovidos por el espectáculo cultural, escritores como Paula Puebla, Luis Chaves y Martín Caparrós se animan a pensar el fútbol en blogs y editoriales, y a leerlo con las claves de la literatura, la economía y la política.

Ilusionados con la Selección pero también conmovidos por el espectáculo cultural del Mundial de Qatar, escritores como Paula Puebla, Luis Chaves y Martín Caparrós, así como un historiador económico como Pablo Gerchunoff o el ex presidente español Mariano Rajoy, se alejan por unos días de sus proyectos y, en blogs y editoriales, se animan a pensar el fútbol con la frescura de los outsiders y a leerlo con las claves de la literatura, la economía y la política.

Pocos días después de la final entre Argentina y Alemania que se jugó en 2014, con el fútbol nacional aún de luto, la ensayista y escritora Beatriz Sarlo criticó que durante el partido los museos hubieran permanecido cerrados y contó, además, que se tomó el trabajo de llamar a sus amigos alemanes para comprobar que allí las salas sí habían abierto. Desde entonces, su postura sobre cómo dialogan la cultura popular y la “alta cultura” ha sido ridiculizada, pero también confrontada por autores e intelectuales que durante el Mundial suspenden su agenda habitual y se entregan a disfrutar (y pensar) el fútbol.

El director técnico de la selección albiceleste Lionel “Scaloni es algo así como un trosko de los sentimientos: insiste en que es un error tomarse el fútbol como algo más que un juego”, plantearon, después de la victoria de Argentina ante Polonia, las escritoras Paula Puebla y Julia Kornberg, creadoras del blog E-scaloneta.

El espacio, creado especialmente para el Mundial de Qatar, se convirtió desde la fase de grupos en generador de textos que permiten complejizar un poco más los 90 minutos de juego con la intención de mantener con vida, desde lo literario, lo que ocurre en Qatar.

“Nos pareció atinado hacer una especie de perfil literario, lleno de asociaciones libres, mixturando ‘alta y baja’ cultura, sobre Scaloni. Lo merecía luego de haber superado la fase de grupos”, cuenta Puebla, autora de las novelas “El cuerpo es quien recuerda” y “Una vida en presente”, sobre uno de los textos.

“Nadie como Scaloni viste con tanta elegancia una joggineta. Nadie le hace tanta justicia. No necesita acudir a la incomodidad calurosa de las camisas slim fit”, advierten y firman a cuatro manos, como en todos los textos, “Paula y Julia”.

“Antes de los partidos tenemos un intercambio breve por whatsapp sobre lo que estuvimos pensando o percibiendo del público, del estado de ánimo general o de la gran atmósfera en la que nos sume el Mundial. Por momentos, se impone la cuestion geopolitica, o la virtud nacionalista, o la rencilla historica o, como decidimos la ultima vez, el perfil de nuestro DT”, cuenta Puebla sobre la dinámica. Y explica que no piensan en las publicaciones como notas periodísticas porque el objetivo es más experimental que informativo: “Buscamos una nueva forma de narrar el fútbol. Y escribir en caliente, casi en simultáneo a los partidos, va en ese sentido”.

“Las dos compartimos cierta visión literaria y a las dos nos gusta mucho el fútbol. Hablamos sobre la insatisfacción que nos producía la escritura sobre el deporte que nos rodeaba, en el deseo de intentar encontrar algo diferente y, quizás, de hacer algo con esa carencia. Creo que cuando se acercó el Mundial eso se cristalizó de manera muy evidente: la manija de ver a la selección y las ganas de escribir solo podían conducir a un ejercicio literario”, cuenta Kornberg, autora de “Atomizado Berlín”.

Acepta que escribir por cada partido que juega la Selección impone cierta disciplina. “Es casi deportivo: más allá de que suceda algo o no, de que haya algo narrable o no, el desafío es encontrar la narrativa indicada, hacerla jugar. Esto supera un poco el axioma de que para escribir hay que estar inspirado, cuando más bien hay que sentarse a escribir, y entonces es casi un deporte. Y aquello es liberador, porque no hay casi límites más allá del partido. Se puede hablar de moda, de política o de literatura; de lo que uno quiera”, analiza, convencida de que el Mundial es un evento “tan descomunal que invita a pensarlo desde todos los ángulos”.

“Ese vaivén es divertido: entre poder hablar de cualquier cosa y tener que atenerse, siempre, a la realidad física de lo que pasa en la cancha”, sostiene Kornberg, a quien le parece un desafío pensar el deporte desde otras perspectivas que escapen al costumbrismo y a cierta posición snob intelectual. La inspira la tradición norteamericana del sportswriting, que abonaron Gay Talese, John Updike y David Foster Wallace.

Puebla, su socia en la escritura, está convencida de que en la Scaloneta confluye una forma virtuosa de la argentinidad: “Un equipo de arquetipos guiado por un indiscutido Lionel -donde cada cual elige al Lionel que considere- que tiene hasta rasgos mitológicos”.

Y cree que este impulso de narrar a este equipo no es nada original sino que está predeterminado desde su epíteto, donde la Selección plantea un juego con el lenguaje: “Scaloni y joggineta. Esa conjunción habla de la pregnancia de un nombre pero también de un seleccionado como proyecto. Proyecto deportivo, si, pero también político. Hay en la Scaloneta una especie de gesta patriótica y creemos que como tal merece ser narrada”.

Desde su cuenta en Twitter, el escritor y poeta costarricense Luis Chaves compartió el ingenioso sistema que armó en su living para resolver uno de los dilemas que enfrentan por estos días los fanáticos y poder ver dos partidos en simultáneo. En la foto se ve el televisor en el fondo y, más cerca, su laptop. Incluso horas después de que Costa Rica quedara eliminada, su fanatismo sigue intacto.

“El Mundial implica ver todos los partidos. Y la mejor forma de hacerlo es estar desempleado porque no te da ningún tipo de culpa”, cuenta durante la charla con Télam el autor de “Vamos a tocar el agua”, “Historias polaroid” y “Falso documental”.

Aquella certeza sobre el tiempo disponible y la culpa se desprende de su propia biografía. “En 2010, estaba desempleado, y escribí para un blog por mi cuenta. Fue hermoso pero fue casi causal de divorcio porque estaba sin trabajo y miré todo el Mundial con mi hija Julia en brazos”, cuenta sobre aquella primera incursión de carácter casi terapéutico. “Cuatro años después, me contrató un medio importante para cubrir el campeonato nacional así que mal no me fue con mi estrategia. Y Brasil 2014, un mundial de ensueño para Costa Rica, lo cubrí también para un medio alemán. El 2018 fue para el olvido para mi país, fue un balde de agua fría y escribí para Revista Paquidermo. Y ahora, me llamaron de El Faro, un medio muy interesante porque son unos muchachos muy valientes que hacen periodismo en El Salvador y son blanco de ataque. Entonces, me enganché. Prometí unas cuatro columnas porque estoy muy ocupado con otras cuestiones”, repasa sobre el rol que asume desde hace años cada cuatro años.

“Hay algo de fuerza gravitacional en la Copa del Mundo que nos convierte en satélites, en pequeños cuerpos que la orbitan con devoción (o, si se quiere, entregados a la alienación)”, plantea en el primero de los textos publicados sobre cómo vive estos días.

Chaves tiene la voz tomada por los gritos que pegó durante los festejos del segundo gol de Costa Rica. “Tuvimos tres minutos de gloria que no cambió por nada. Nos quedamos afuera pero durante esos tres minutos dejábamos afuera a España y Alemania”, se consuela.

Con el paso de los años, lo sigue convocando la misma intención literaria. “Cuando escribí por primera vez, en 2010, lo hice porque me aburría el estilo ampuloso del periodismo deportivo. Era una forma de exorcizar eso. Pero tampoco quería la pose del escritor que escribe sobre fútbol, una pose horrible. Me interesaba poner a jugar el lenguaje sin ser pedante ni solemne”, explica.

Amigos desde hace 30 años, Martín Caparrós y el mexicano Juan Villoro mantendrán una correspondencia durante el certamen, una iniciativa del diario español El País. “Ida y vuelta”, fue bautizado el intercambio entre los autores, que es diario y que sorprende a los lectores al final de cada jornada.

“El fútbol tiene ese privilegio: hace que casi cualquier otra cosa se vuelva improbable. Nos vuelve, para empezar, improbables a nosotros mismos. Nos vuelve otros, nos transforma. Se ha dicho mucho: nos permite ser niños por un rato. Yo estoy y no de acuerdo”, le escribe Caparrós, autor de “Boquita” y “Dios es redondo”, a Villoro en la primera de las cartas. “Comienzo con un jalón de camiseta, y es que el México-Argentina tuvo que ver más con la neurosis y el melodrama que con el deporte”, empieza Villoro su carta a Caparrós tras la derrota de su seleccionado y acepta que fallaron en dominar la psiquis del adversario: “Lo único que podía favorecernos era la propia Argentina, que se jugaba la vida y la reputación; en lo que toca a nosotros, la entereza dependía de no tener reputación. La guerra que podíamos ganar era de nervios”.

España cuenta con otro columnista que, aunque más lacónico y medido, divierte a los lectores con el peso y la extranjería de su firma: el ex presidente español Mariano Rajoy escribe todas las semanas para un portal de la Asociación Católica de Propagandistas, de línea ultraconservador.

En el estilo, en cambio, se han permitido una licencia. “Alemania es Alemania”, “Las cosas son como son” y “si el balón está en el área del otro no te van a meter el gol”. Estas son algunas de las frases que se hicieron virales e inundan de comentarios y memes las redes sociales.

Consultado por el éxito de su estilo, contó que dicta sus textos por audio de WhatsApp -a la manera en que los cronistas solían dictar lo suyo por teléfono- cuando termina cada partido. Tal vez el punto fuerte de sus comentarios sea precisamente la sonoridad: el lector tiene la impresión de estar escuchando al propio Rajoy.

Con distintas voces, estilos y propuestas, un variopinto y transnacional seleccionado de escritores e intelectuales crece a medida que pasan los días, dispuesto a contar Qatar 2022 y a dejar su impronta.