(Coco Ramón) – El sueño de la Selección Argentina llegó a su fin, pero lo hizo con la dignidad de los grandes. El equipo dejó todo en la final, compitió hasta el último minuto y volvió a representar al país con el espíritu de lucha que lo convirtió en un símbolo para millones de hinchas.
Sin embargo, esta vez el fútbol tuvo un dueño claro. España exhibió un nivel colectivo superior, manejó los tiempos del partido, dominó la posesión y mostró una solidez táctica que terminó marcando la diferencia. El triunfo por la mínima reflejó un desarrollo en el que el conjunto español fue, desde lo futbolístico, el mejor equipo de la cancha.
La derrota no empaña el recorrido argentino. Llegar a una nueva final mundialista confirma la vigencia de un seleccionado que volvió a instalarse entre las grandes potencias del fútbol internacional. Sus jugadores se marchan sin el trofeo, pero con el reconocimiento de un pueblo que los siente propios.
Porque los campeones no siempre levantan la copa. A veces también son quienes honran la camiseta, dejan el alma en cada pelota y hacen que un país entero se sienta orgulloso. Esta Selección perdió una final, pero ganó un lugar permanente entre los héroes deportivos de los argentinos.