El adiós al Indio y una multitud que interpela a la política

Miles de personas se acercaron a Avellaneda para despedir al músico. La masiva convocatoria despertó lecturas que excedieron el plano artístico.

La despedida de Carlos “Indio” Solari se convirtió en uno de los funerales más multitudinarios de la historia argentina. Desde el domingo a las 9 de la mañana, miles de personas llegaron a Avellaneda para darle el último adiós al exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fallecido el viernes a causa de un ACV no traumático tras convivir durante cerca de una década con la enfermedad de Parkinson.

La magnitud de la convocatoria sorprendió incluso a los organizadores. La fila para ingresar al velatorio alcanzó los ocho kilómetros de extensión y el flujo de asistentes fue estimado en unas 15.000 personas por hora frente al féretro. Ante la afluencia constante de público, se anunció que la ceremonia continuaría “todo lo que haga falta”.

Más allá del impacto emocional por la muerte del músico, la movilización despertó interpretaciones sobre su significado social y político. La presencia masiva de seguidores llevó a especialistas y analistas a preguntarse qué expresa una convocatoria de semejante magnitud en la Argentina actual.

El sociólogo Pablo Semán rechazó las lecturas que intentaron presentar el fenómeno como el nacimiento de una fuerza política o una forma de rebelión social. En cambio, definió a los seguidores del Indio y de Los Redondos como una “comunidad de sentido” atravesada por una experiencia colectiva de duelo. Según planteó, la identidad cultural y musical no se traduce automáticamente en una identidad electoral.

Una mirada similar ofreció Pablo Avelluto, quien describió al fenómeno ricotero como una expresión policlasista capaz de reunir sectores sociales diversos. A su entender, la convocatoria expuso la existencia de amplios grupos que hoy no encuentran una representación política clara, aunque eso no implica que constituyan un espacio partidario homogéneo.

Por su parte, el historiador Roy Hora consideró que la movilización reflejó el profundo vínculo afectivo construido entre Solari y su público a lo largo de décadas. También cuestionó la decisión del Gobierno nacional de no organizar una despedida oficial para una figura de semejante impacto cultural.

Alejandro Rozitchner, en tanto, sostuvo que la obra del Indio nunca lo conmovió especialmente, aunque defendió el derecho de quienes sí encontraron en su música una referencia emocional. “Es absurdo que nos peleemos por música”, resumió.

Las distintas interpretaciones coinciden en un punto: la multitud reunida en Avellaneda no constituye una fuerza política organizada ni representa necesariamente una mayoría electoral. Sin embargo, sí puso de manifiesto la vigencia de una enorme comunidad cultural y emocional capaz de movilizarse de forma masiva en torno a una figura que marcó a varias generaciones.

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