Hongos comestibles: becaria de Ciencias Agrarias explora nuevos usos para la viruta de eucalipto

En Corrientes, donde la actividad forestal genera grandes volúmenes de residuos de madera, Brenda Araceli Tomassi evalúa si este residuo forestal que suele quemarse en los aserraderos, puede convertirse en base para el cultivo de hongos comestibles. Comparó distintas variedades de hongos y formulaciones de sustrato para determinar cuáles ofrecen mejores resultados.

Argentina tiene 1,37 millones de hectáreas forestadas, concentradas en la región mesopotámica. Corrientes reúne 516.771 hectáreas de pino y eucalipto. Cuando esa madera se procesa en aserraderos, quedan restos como corteza, costaneros y viruta. Gran parte de esos restos se quema, sin que se aproveche su composición para otros usos como que permitan convertir a este residuo en un recurso estratégico para la producción de alimentos funcionales.

Existe una técnica conocida desde hace décadas que permite cultivar hongos comestibles y medicinales sobre restos vegetales, un proceso llamado bioconversión: los hongos descomponen la madera y, en ese proceso, generan alimento.

Brenda Araceli Tomassi, estudiante de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), desarrolla su Trabajo Final de Graduación uniendo ambos elementos, usar la viruta de eucalipto que hoy es un producto de descarte como base para la producción de un cultivo intensivo no tradicional como es el de los hongos comestibles. La presentación de los avances del estudio, le merecieron una mención especial al mejor póster en la XXXI Reunión Científica y Tecnológica de la Universidad Nacional del Nordeste.

Bajo la dirección del doctor Nicolás Niveiro, docente e investigador de la asignatura Micología en la FACENA-UNNE, el trabajo se titula “Evaluación del cultivo de hongos comestibles y medicinales para la bioconversión de residuos de la industria maderera de Corrientes” y se desarrolla en el Instituto de Botánica del Nordeste (IBONE).

El proyecto que fue desarrollado gracias a una beca de Pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE, analiza si es posible usar la viruta que dejan los aserraderos de eucalipto como base para cultivar hongos que puedan ser comestibles. Revalorizando de esta manera un residuo de la industria agroforestal que abunda en la región del NEA.

Las preguntas que impulsaron el trabajo fueron tres: ¿se puede cultivar hongos comestibles y medicinales a partir de los restos de la industria forestal?; ¿qué variedades de hongos se adaptan mejor a ese material?; ¿existe alguna forma de preparar la viruta que ayude a que el proceso funcione mejor?.

Variedades. El plan de trabajo de Tomassi tuvo tres objetivos: encontrar y conservar variedades de hongos comestibles que crecen de forma natural sobre restos de eucalipto en la región; comparar esas variedades con otras que ya se usan en producción, para saber cuáles se adaptan mejor a la viruta; y establecer si los restos de la industria maderera sirven, en la práctica, para cultivar hongos comestibles.

A partir de esos objetivos, la investigación planteó tres afirmaciones que debían ser comprobadas: la viruta de eucalipto puede usarse como base para cultivar hongos comestibles. El segundo postulado tiene que ver con que no todas las variedades de hongos se adaptan de la misma forma a esa viruta; unas la aprovechan más que otras. Finalmente la tercera hipótesis es saber si a la viruta se le agregan otros materiales, el rendimiento del cultivo mejora.

Gírgolas y otras. El plan de trabajo se dividió en dos etapas. En la primera, se probaron cuatro variedades de hongos sobre viruta de eucalipto sin agregados, para ver cuál lograba crecer y producir hongos: dos especies del género Pleurotus (conocidas como gírgolas), una Ganoderma y una Gymnopilus, estas dos últimas recolectadas en la zona.

En la segunda etapa, se tomó la variedad que mejor había funcionado y se la puso a prueba en cuatro preparaciones distintas de sustrato: viruta de eucalipto sola; viruta con agregado de salvado de trigo; viruta mezclada con paja de arroz; y, como referencia de comparación, un tratamiento hecho solo con paja. Con esas mezclas se buscó ver el efecto de dos factores por separado y en conjunto: la cantidad de nutrientes disponibles para el hongo y la textura física del material donde crece.

Resultados. En la primera etapa, entre las cuatro variedades probadas, la gírgola Pleurotus ostreatus fue la que logró desarrollarse y producir hongos sobre la viruta de eucalipto. Las dos variedades recolectadas en la zona no llegaron a producir hongos, y la Ganoderma lucidum, de uso comercial, tampoco tuvo un desarrollo apreciable.

Con esa variedad seleccionada se pasó a la segunda etapa, donde se compararon las cuatro preparaciones de sustrato. El tratamiento con viruta pura, sin agregados, fue el que dio los resultados más bajos, lo que coincide con que la madera de eucalipto sin procesar tarda en descomponerse. En cambio, las mezclas con salvado de trigo y con paja de arroz dieron un aumento en el peso de los hongos cosechados y en la velocidad con que aparecieron. La mezcla de viruta con paja de arroz y salvado de trigo fue la que mostró el mayor rendimiento entre todas las probadas. El análisis estadístico (ANOVA) confirmó que las diferencias entre los tratamientos no se debieron al azar, mostrando el impacto significativo de los tratamientos.

Según explica Tomassi, esto se relaciona con una característica de las gírgolas: cuentan con enzimas que descomponen la lignina, la celulosa y la hemicelulosa, los componentes que dan estructura a la madera. Esa capacidad les permite crecer sobre distintos tipos de restos vegetales.

Sin embargo, la madera de eucalipto por sí sola tiene poco nitrógeno, un nutriente que el hongo necesita para crecer. Por eso, agregar salvado de trigo aporta el nutriente que falta, mientras que la paja de arroz aporta porosidad al sustrato, lo que mejora la circulación de aire y la retención de humedad dentro de la mezcla, condiciones que el hongo necesita para formar sus cuerpos fructíferos.

Con los datos obtenidos hasta el momento, las conclusiones preliminares a la que arriba Tomassi, son: entre las variedades evaluadas, las del género Pleurotus fueron las que mejor se adaptaron a los restos de eucalipto.

La especie Pleurotus ostreatus fue la de mejor desempeño, por lo que se la eligió para continuar con las pruebas de optimización del cultivo. Por otra parte, la viruta de eucalipto puede usarse como base para cultivar hongos comestibles, aunque su rendimiento aumenta cuando se le agregan otros materiales.

Tomassi también pudo apreciar que, agregar salvado de trigo como fuente de nutrientes, y mezclar la viruta con materiales más porosos como la paja de arroz, ayuda al crecimiento del hongo y a la producción de cuerpos fructíferos.

En consecuencia, cultivar hongos sobre los restos de la industria forestal aparece como una alternativa para dar uso a la biomasa que hoy queda disponible en la región tras el procesamiento de la madera.

El trabajo de Tomassi se enmarca en una región donde la actividad forestal generó, en las últimas décadas, un aumento en el volumen de restos de madera. La investigación plantea que ese material, en lugar de quemarse en muchos casos, podría convertirse en un recurso para la producción de alimentos.

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