Oleksandra Matviichuk, Premio Nobel de la Paz 2022: “Putin no inició la invasión a Ucrania por miedo a la OTAN, sino porque le teme a la libertad”

En una entrevista con Infobae, la abogada y directora del Centro para las Libertades Civiles en Kiev se refirió al ataque de Rusia y aseguró que “no es una guerra entre dos estados sino un conflicto sobre dos sistemas: la democracia y el autoritarismo”. “Ucrania es solo la vidriera”, sentenció, con más de 21 mil crímenes registrados hasta el momento

La Asociación Ucraniana de Cultura “Prosvita” reúne elementos culturales representativos de la historia del país y fue el escenario perfecto para una entrevista exclusiva de Infobae con la abogada y activista por los derechos humanos, Oleksandra Matviichuk. Junto a su Centro para las Libertades Civiles -con base en Kiev- Matviichuk fue galardonada con el premio Nobel de la Paz este año gracias a su arduo trabajo por conseguir justicia para las voces vulneradas de su país.

El Centro comenzó su trabajo en el 2007 y se dedica a estudiar y recopilar evidencia de violaciones de los derechos humanos desde entonces, con especial foco en las protestas del 2014 previo a la anexión de Crimea a Rusia, y en el marco de la actual guerra que el Kremlin ha librado en el país.

– ¿Cuántos crímenes de guerra han logrado documentar desde el 24 de febrero hasta el momento y cómo lo han hecho?

– Cuando la invasión comenzó nos juntamos con varias organizaciones para conformar tribunales que actúen sobre los ataques de Putin y construimos una red de ucranianos que documentan y reúnen evidencia de todos los crímenes de guerra, hasta los cometidos en las más pequeñas ciudades. Este trabajo conjunto desde hace ocho meses nos ha permitido contar con pruebas de 21 mil de éstas atrocidades, que es un número enorme, pero es apenas la punta del iceberg. Putin afirmó que no existe la nación ucraniana y que el Estado, la cultura y el idioma no tienen derecho a existir, lo que es una clara muestra de la intención de genocidio que subyase en esta guerra, y que se condice con la sistemática violación a los derechos de las personas.

– ¿Se podría decir que, por la gravedad de los ataques que terminaron en masacres en Bucha e Irpin, las tropas rusas buscaban exterminar a la población de esas ciudades en lugar de conquistar el territorio?

– Rusia utilizó el terror contra los ciudadanos para conseguir el control de las diversas regiones que fueron ocupando. Bucha es un ejemplo de ello y, con el avance de la ofensiva, también hemos visto estas conductas en Izium y la región de Khraviv -que fueron recientemente liberadas-, con los mismos patrones de torturafosas comunesviolacionesasesinatos. Y, detrás de estos son casos generales, hay historias como la del músico y director ucranianao en Kherson, Yurii Kerpatenko, que fue asesinado por las tropas rusas tras negarse a tocar en los “conciertos internacionales” que se organizaban en Kherson mientras estuvo bajo ocupación. Es por eso que, frente a estas injusticias, cuando el mundo se pregunta por qué estamos luchando por estos territorios, tenemos que ser muy claros con nuestra respuesta: estamos luchando por la gente que vive allí y nunca los dejaremos solos ante la tortura y las muertes.

– Otra de las estrategias del Kremlin tiene que ver con el tráfico de niños, ¿cuál es el objetivo de estas acciones?

– Es una política de la Federación rusa. Esta guerra tiene las características de un genocidio, por el cual Rusia trata de eliminiar la identidad ucraniana. Es por ello que deprotaron de manera forzada ucranianos a su país y comenzaron con esta estrategia de apropiación de niños. Esta política de borrar la identidad nacional es muy visible en los territorios ocupados durante esta ofensiva así como en Crimea y la región de Lugansk -que estuvieron bajo su control durante ocho años, desde el 2014-. Allí, por ejemplo, prohibieron el idioma ucraniano e impartieron lecciones ideológicas en las que se enseñaba que “todos somos rusos y los ucranianos son nazistas fascistas”. Trataron de demoler nuestra identidad, borrar nuestra historia, y liquidar la etnia, no sólo con ataques a la infraestructura sino también con esta manipulación.

– ¿Cuántos soldados ucranianos siguen detenidos por fuerzas rusas?

– Desconozco el número. Es muy difícil hacer cálculos en medio de una guerra donde no se tiene acceso a los territorios pero sí puedo decir que son muchos. Y no son sólo militares que Rusia tiene encarcelados sino también civiles porque cuando hablamos de nuestro ejército nos estamos refiriendo a personas como nosotros, diseñadores, periodistas, ingenieros de software, que tras la invasión fueron al frente de batalla. Por ejemplo, hay un caso de una profesora de matemática de la región de Kiev que fue capturada por las tropas rusas y fue enviada a un centro de detención donde estuvo meses y, luego de largas negociaciones, pudo ser liberada como parte de un intercambio de prisioneros y volver a su casa.

– ¿Se han logrado avances en cuanto a respeto por los derechos humanos en estos centros de detención?

– No, a pesar de que tenemos evidencias de que Rusia violó en múltiples oportunidades la ley internacional. Hemos documentado torturas, violaciones y golpizas mortales durante estos encarcelamientos, por lo que es una vergüenza que la comunidad internacional no provea de instrumentos legales para frenar esta situación. Esto es una señal para el mundo, tenemos que hacer algo con nuestro sistema internacional de leyes, paz, seguridad y protección sobre los derechos humanos. En este marco, todos los países están expuestos al peligro de esta falta de eficiencia, que demuestra que las garantías en estos casos recaen en cuán fuerte es el sistema militar de cada uno. Este abordaje está mal porque llevará a los países a invertir en sus capacidades militares en lugar de en recursos educativos, climáticos, lucha por la igualdad y otros. Es por ello que necesitamos rediseñar este sistema.

– Una vez que se recopilan pruebas de los crímenes de guerra, ¿cómo continúa el proceso? ¿Qué tan probable es que los responsables obtengan una condena?

– Muchas veces yo me pregunto para quién es que documentamos todas estas violaciones ya que, para poder llevar ante la Justicia a oficiales rusos o a quien sea culpable de estos actos es necesario que existan mecanismos legales que acompañen el proceso. En este momento, el Sistema de Justicia ucraniano está desbordado por la cantidad de casos de crímenes que hay por procesar. Es por ello que necesitamos de la asistencia internacional y, cuando empezamos a pensar en quién puede asistirnos en esto, sólo tenemos a la Corte Penal Internacional (CPI) -que avanza sobre algunos casos particulares-. Entonces, ¿quién proveerá justicia por los cientos de miles de otros expedientes que no fueron seleccionados por la CPI? Desde el Centro para las Libertades Civiles estamos trabajando en una estructura sólida que permita llevar justicia a estas víctimas porque cuando decimos que el respeto por los derechos humanos es una cuestión fundamental y que la vida de cada individuo cuenta, no es un motto, realmente lo creemos. Necesitamos respuestas para todos estos crímenes pero estoy segura de que es posible.

– ¿La invasión rusa en Ucrania podría considerarse como una de las mayores catástrofes de la historia moderna?

– Creo que la guerra que Rusia lanzó en contra de Ucrania 8 años atrás, en el 2014, ya fue en sí una catástrofe para millones de personas porque sus vidas cambiaron por completo. La intención de las tropas rusas en ese entonces también fue atacar y destruir edificios residenciales, escuelas, hospitales, iglesias, corredores humanitarios y convoyes de ayuda, junto con las violaciones, abducciones, muertes y las horribles torturas a civiles en los territorios ocupados. Definitivamente todo esto fue una catástrofe para las millones de personas en Ucrania, algo increíble que jamás hubieran imaginado.

– ¿Se ha conseguido hacer justicia sobre los crímenes del 2014?

En esos casos también tuvimos problemas porque pasamos ocho años juntando evidencia de los crímenes pero esta información no era relevante para el mundo. Fue muy frustrante porque yo personalmente entrevisté a cientos de personas que sobrevivieron a las detenciones de Rusia y me contaron las horribles historias que cómo fueron golpeadostorturados, y hasta obligados a escribir mensajes con su propia sangre. Durante todos estos años enviamos múltiples pedidos a las Naciones Unidas, al Consejo de Europa, la Unión Europea, pero nada funcionó. Esto fue lo que nos llevó a cambiar la estrategia y empezamos a organizar campañas con personas de todo el mundo. Una de ellas fue la de #SaveOlegSentsov por la que, gracias al apoyo de miles de ciudadanos comúnes y corrientes de destinos países, conseguimos la liberación de este campesino, entre otros prisioneros políticos.

– Rusia sigue siendo un miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ¿qué opina al respecto?

– La respuesta es muy simple: Rusia debe ser eliminado del Consejo de Seguridad. Los líderes mundiales tienen que tomar responsabilidad histórica y ser valientes como los ucranianos, quienes se han organizado para hacer frente al conflicto. No se trata de políticas de estado sino de personas que han ayudado a sus pares. Es por ello que éstos líderes deben ahora hacer frente a estas responsabilidades y dar una respuesta, no solo por los ucranianos sino también por el mundo, que se ha convertido en un lugar muy peligroso para vivir. Porque si un miembro del Consejo de Seguridad de la ONU pudo gozar de ocho años de impunidad y, luego, iniciar una invasión a gran escala, y no hay herramientas legales que permitan frenar estas atrocidades, entonces tal vez algo esté mal con el sistema internacional y sea momento de cambiarlo para que funcione y sea efectivo.

– ¿Cómo evalúa la postura que el Papa adoptó ante esta guerra?

– Creo que es muy difícil entender cosas que no se han vivido. Por eso, invito al Papa a visitar Ucrania y hablar con la gente, sentir su dolor y tomar dimensión de lo que está pasando. Es muy distinto ver los ataques en televisión en lugar de escuchar las sirenas y tener que salir corriendo a refugiarse y curar las heridas de la persona a tu lado. Quienes visitan Ucrania se van con otra mirada sobre lo que está ocurriendo. Es muy extraño que aún no haya venido porque, durante siglos, la Iglesia estuvo en contacto directo con las personas más necesitadas y en peligro, así que tal vez visite el país pronto.

– China, Corea del Norte e Irán -cada uno a su manera- son los aliados de Vladimir Putin en este conflicto.

– Sí, y es un gran ejemplo de cómo regímenes autoritarios se apoyan mutuamente. Ellos tienen muy claro de que ésta no es una guerra entre dos estados sino que es un conflicto sobre dos sistemas: la democracia y el autoritarismo. Ucrania es solo la vidriera de esta lucha. Y es por ello que hasta intercambian conocimientos. Irán provee a Rusia de asistencia en el uso de armas y el Kremlin guía al régimen en la mejor manera de reprimir las protestas. Entonces, esto nos demuestra que las democracias también debemos ayudarnos. Porque es una batalla de ideas. Putin inició esta guerra hace 8 años, no porque tuviera miedo de la OTAN sino porque temía de la idea de libertad. En 2014 comenzó el ataque cuando el régimen autoritario ucraniano colapsó y obtuvimos la oportunidad de construir una democracia, un país donde los derechos están garantizados, donde el gobierno no es corrupto, la Justicia es independiente del estado y la policía está al servicio de la gente.

– ¿Qué cree que es necesario para que Rusia reconozca la independencia de Ucrania?

– Creo que lo primero que hay que entender es que esta es una lucha de la gente de Rusia y no solo del Kremlin porque Putin gobierna con un contrato social que tiene con la élite y el pueblo, que se basa en la famosa “Gloria rusa”. El pueblo ve esta Gloria como el restablecimiento de la Unión Soviética; entonces, esta cultura imperialista es la raíz del problema. Es fundamental que entiendan que no tienen derecho a tomar control sobre territorios independientes y decidir sobre otras sociedades. Y la única manera de conseguir esto es si Rusia pierde. Ucrania debe ganar para que estos grupos puedan reflexionar al respecto -algo doloroso para ellos pero necesario para un futuro democrático-.

– Si bien desde el inicio Rusia ha tenido por objetivo destruir infraestructura clave, atacar edificios residenciales y hasta utilizar los alimentos como arma, ésto se ha visto intensificado en el último tiempo. ¿Cree que esto es porque las tropas no logran vencer en el campo de batalla?

– Sí, claro. Están perdiendo en el campo de batalla, quiero hacer énfasis en esto. El mundo está viendo que el pueblo ucraniano es más fuerte que el segundo grupo armado en el mundo (Rusia). En septiembre las tropas ucranianas liberaron la región de Khraviv y comenzaron a conseguir pequeños pero muy importantes avances y logros en la región de Kherson, en el este del país. Para tratar de frenar este avance y esta liberación de territorios, Rusia comenzó a implementar estrategias terroristas muy claras. Desde hace tiempo tenían por objetivo atacar infraestructura crítica pero, ahora, lo hacen a propósito en Kiev y otras ciudades ucranianas, para privar a las personas del acceso a recursos básicos como electricidadaguacalefacción durante el invierno, conexión, Internet. Ahora estoy en Argentina pero mis colegas que están allá me enviaron mensajes diciendo “lo siento, no podía contestarte porque no tuvimos internet por horas, ni tampoco luz o electricidad”. Rusia, como estado terrorista, hace esto con el objetivo de que los ucranianos sufran y, por tanto, se rindan. Pero nunca nos rendiremos. Ellos no entienden una cosa muy simple y es que, si tomas cualquier encuesta, para los ucranianos la libertad es el principal valor. Y, sí, no tendremos luz o agua, temporalmente, pero sobrellevamos estas dificultades porque estamos luchando por la libertad. Y la libertad lo vale.