Cristina Kirchner apunta contra los empresarios y aumenta su presión a Alberto Fernández, Massa y la CGT.

La jefa política del Frente de Todos reclama mayores controles, al mismo tiempo que ordena el tablero político camino a las elecciones presidenciales del año que viene.

El discurso que pronunció Cristina Kirchner el viernes en un plenario del gremio metalúrgico (UOM) no solo marcó la vuelta de la Vicepresidenta a un acto público, después del atentado contra su vida, sino que le sirvió para mostrar el peso que tiene en la alianza gobernante.

Cristina puso en sus palabras lo que los principales dirigentes de La Cámpora venían advirtiendo con el total aval de su jefa política. Le volvió a marcar el camino por dónde quiere que transite el presidente Alberto Fernández cuando dijo que el gobierno “debe terciar en la distribución del ingreso”.

La vice considera queAlbertono es lo suficientemente fuerte con los principales empresarios argentinos, a los que considera responsables de mucho de los males que padece la economía. Siempre es más fácil encontrar culpables fuera que dentro de su propia casa.

A pesar de que un rato después del acto de Pilar, el Presidente hablaba en Santa Fe de la necesidad de mantener la unidad en el Frente de Todos para enfrentar a la derecha, la relación entre los dos vuelve a pasar por un período de frialdad, indiferencia y falta de diálogo.

Cristina, al igual que su hijo Máximo Kirchner, habla bien en público de la gestión de Sergio Massa en el ministerio de Economía, aunque, por lo bajo, no dejan de marcar sus diferencias a la hora de combatir a la inflación.

Además, esperan dureza con el FMI que volvió a reclamar un mayor ajuste para la Argentina, luego de manifestar su preocupación por las peleas internas de Alberto y Cristina.

Quizás una de las cuestiones que más quedaron en la superficie con la reaparición de “la jefa” fue las críticas que le lanzó a la CGT. Es sabido el enfrentamiento que tiene desde hace tiempo la vicepresidenta con muchos de los miembros de la central obrera. Siempre pareció priorizar su relación con la CTA que preside el ultra cristinista Hugo Yasky.

No solo le echó en cara el comportamiento frente al gobierno de Mauricio Macri, cuando dijo que “no parecían tan decididos de enfrentar” sus políticas, sino que fue en contra de una firme posición de la CGT.

Cristina Kirchner reclamó abiertamente un aumento por suma fija frente a los estragos de la inflación cuando es sabido que la CGT no está de acuerdo. A cambio, pide que se priorice las paritarias como manera de compensar el daño que provoca el aumento de los precios. Para los sindicalistas, la suma fija provoca un achatamiento en las escalas salarialesporque no hace diferencia entre los que la reciben.

Cristina Kirchner reapareció en un acto de la UOM dos meses después del atentado en su contra. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)
Cristina Kirchner reapareció en un acto de la UOM dos meses después del atentado en su contra. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)

En definitiva, estamos frente a una Cristina fiel a su estilo que no se sonroja cuando pide un acuerdo democrático, algo que brilló por su ausencia en los dos gobiernos que presidió.

También resultó curioso escucharla pedir a los argentinos una discusión sin agravios teniendo en cuenta que, durante muchos años, fue (¿o es?) una característica de no pocos kirchneristas al enfrentar a los que osaban pensar diferente. Sin embargo, a todos les asiste el derecho de cambiar para bien.

Como diría Joan Manuel Serrat, que se está despidiendo de los escenarios, “se hace camino al andar” y Cristina deberá develar que quiso decir con su “voy a hacer lo que tenga que hacer” en las próximas elecciones, a pesar del clásico “operativo clamor” para que vuelva a ser Presidenta.

Quizás sea porque la Justicia también es amante de los mismos versos de Serrat.