La asesinaron mientras caminaba con su hijo de dos años: el verdadero culpable fue identificado más de una década después

El crimen de Rachel Nickell conmocionó al Reino Unido por la brutalidad del ataque y por los errores que se cometieron durante la investigación. Los avances en las pruebas de ADN permitieron identificar al verdadero responsable.

Rachel Nickell, una joven de 23 años, fue asesinada el 15 de julio de 1992 mientras caminaba junto a su hijo de dos años por Wimbledon Common, uno de los parques más conocidos de Londres.

El crimen, que ocurrió a plena luz del día y delante del bebé, conmocionó al Reino Unido y dio origen a una investigación que fue cuestionada durante años por los errores policiales y un sospechoso inocente.

Rachel vivía en el sur de la ciudad inglesa junto a su pareja André Hanscombe y el hijo de ambos, Alexander. Solía visitar con frecuencia ese parque para pasear a su perro y disfrutar del aire libre, por lo que aquella mañana parecía una salida más de su rutina.

Sin embargo, poco antes de las 12, un hombre la interceptó en uno de los senderos y la atacó con extrema violencia. De acuerdo a la reconstrucción del caso, el agresor la apuñaló 49 veces y abusó sexualmente de ella. Las heridas fueron tan graves que murió en el lugar antes de que pudiera recibir asistencia médica.

Alexander, que apenas tenía dos años, sobrevivió al ataque y fue encontrado junto al cuerpo de su madre. Los testigos que llegaron minutos después contaron que el chico repitió varias veces: “Despierta, mamá”

Rachel Nickell tenía 23 años cuando fue asesinada a puñaladas. (Foto: Deadline).

La escena impactó profundamente a la opinión pública y ocupó durante semanas las portadas de los principales diarios británicos.

La enorme presión por encontrar al asesino

Desde el primer momento, cientos de policías participaron de la investigación. Entrevistaron a 32 hombres, analizaron muestras biológicas y recibieron innumerables llamados con posibles pistas. Sin embargo, los investigadores no lograban identificar al responsable.

En medio de la presión mediática y social, la policía comenzó a concentrarse en un hombre llamado Colin Stagg, un vecino de la zona que frecuentaba el mismo recorrido que había hecho Rachel y Alexander esa mañana, y que había llamado la atención por sus intereses en el ocultismo y algunos aspectos de su vida privada.

Colin Stagg, el hombre que fue acusado por el asesinato, pero era inocente. (Foto: The Telegraph).

Si bien no existían pruebas físicas que lo vincularan con el crimen, los investigadores empezaron a convencerse de que era el asesino.

La polémica operación encubierta

Ante la falta de pruebas contundentes, la policía autorizó una estrategia que sería duramente cuestionada con el tiempo.

Una agente encubierta comenzó a mandarse cartas con Stagg haciéndose pasar por una mujer interesada sentimentalmente en él. Durante meses intentó generar confianza y llevar las conversaciones hacia fantasías sexuales violentas con la esperanza de obtener una confesión.

La operación fue diseñada con la colaboración de Paul Britton, un psicólogo especializado en perfiles criminales, quien sostenía que el homicida respondería a determinadas características psicológicas que, según su análisis, coincidían con las de Stagg.

Colin Stagg estuvo preso durante un año por una acusación falsa. (Foto: ITVX).

Sin embargo, pese a las insistentes provocaciones de la agente, Stagg nunca confesó el asesinato ni hizo declaraciones que lo vincularan con el crimen.

Aun así, fue detenido en 1993 e imputado formalmente en la causa.

Un juicio que terminó en escándalo

Cuando el caso llegó a los tribunales, el juez revisó la actuación policial y cuestionó los métodos de la investigación: consideró que la operación encubierta había intentado inducir una confesión en lugar de obtener pruebas reales y calificó el procedimiento como un engaño grave.

Por este motivo, el caso fue desestimado y el hombre quedó en libertad después de haber pasado más de un año detenido.

Sin embargo, para entonces su vida ya había cambiado por completo. Durante años fue señalado públicamente como el principal sospechoso del crimen y sufrió el rechazo social, pese a que nunca pudo demostrarse su participación.

Tiempo después, las autoridades británicas reconocieron los errores cometidos durante la investigación y Stagg recibió una indemnización económica por los daños sufridos.

El verdadero asesino

Mientras la causa parecía haber llegado a un punto muerto, otro hombre seguía cometiendo delitos sexuales en distintas zonas de Londres.

Es Robert Napper, un delincuente con un largo historial de ataques contra mujeres que padecía trastornos psiquiátricos.

La tapa de The Sun sobre el caso de Rachel Nickell. (Foto: The Sun).

En 1993, apenas un año después del asesinato de Rachel, Napper asesinó a Samantha Bisset y a su hija de cuatro años en un departamento del sudeste de Londres. Por ese crimen fue detenido y luego internado en un hospital psiquiátrico de alta seguridad luego de ser considerado inimputable.

Años más tarde, los avances en las técnicas de análisis de ADN permitieron revisar las pruebas recolectadas en la escena del crimen de Wimbledon Common. Los resultados identificaron un perfil genético que coincidía con Napper.

La evidencia era concluyente y, por primera vez en más de una década, la investigación tenía al verdadero responsable bajo la mira.

Robert Napper, el verdadero asesino de Rachel Nickell. (Foto: The Guardian).

La confesión y la condena

Durante una audiencia judicial en 2008, Napper admitió haber asesinado a Nickell y se declaró culpable.

Por ello, fue condenado a permanecer internado de forma indefinida en el Hospital Broadmoor, uno de los centros psiquiátricos de máxima seguridad del Reino Unido.

Los especialistas determinaron que sufría esquizofrenia paranoide y otros trastornos mentales severos, aunque eso no modificó su responsabilidad por el crimen.

La resolución puso fin a una investigación que había permanecido abierta durante 16 años.

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