Cayó el líder de un búnker de drogas.

Tras una serie de allanamientos coordinados, la Policía de Corrientes desmanteló una organización que expulsaba a vecinos de sus casas para instalar desarmaderos y centros de venta de estupefacientes. Secuestraron cocaína, marihuana, motos robadas y armas de fabricación casera.

La Policía de Corrientes logró desarticular una peligrosa red criminal que operaba bajo la modalidad de “polirrubro delictivo” en el asentamiento del barrio Patono. La investigación, que se dividió en varias etapas, culminó con la detención de un sujeto clave para la organización y el secuestro de una importante cantidad de bienes ilícitos.

La captura de “Bicho Negro”

En la fase final del operativo, efectivos de la Comisaría Decimosegunda, junto con la Dirección General de Drogas Peligrosas y Crimen Organizado, la División Canes y el GTO, allanaron una vivienda donde funcionaba un búnker de venta de drogas. Allí fue detenido un hombre de 31 años, alias “Bicho Negro”, quien era el encargado de regentar la comercialización de estupefacientes de la banda.

Durante el procedimiento, los agentes incautaron 150 dosis de cocaína (27 gramos), 1,300 kg de marihuana distribuidos en dos “ladrillos”, y un arma de fuego de fabricación casera tipo tumbera con dos cartuchos. Además de “Bicho Negro”, otra persona mayor de edad resultó demorada en el lugar.

Motos robadas y el rol de “El Heredero”

Días antes, la fuerza policial ya había dado un golpe importante en la casa del líder de la banda, donde descubrieron un “cementerio de motocicletas”. En ese sitio se recuperaron ocho motos robadas, una gran cantidad de autopartes y numerosos teléfonos celulares.

En ese primer operativo fueron demoradas cuatro personas, destacándose la figura de un joven de 17 años, hijo del cabecilla, quien era señalado por los vecinos como uno de los principales ejecutores de los ataques violentos contra las viviendas del barrio.

Terror vecinal y caída “por los gomerazos”

La banda ejercía un control territorial basado en el miedo, llegando incluso a usurpar viviendas tras expulsar a familias enteras mediante “reprimendas” violentas. Según los investigadores, la organización utilizaba estas casas como bases operativas para separar sus negocios: una para el desguace de vehículos y otra para la venta de droga.

Paradójicamente, el “polirrubro” no cayó por sus delitos mayores, sino por el hartazgo vecinal. El uso constante de gomerazos, piedras y disparos de tumberas contra quienes reclamaban por robos atrajo la atención judicial bajo la carátula de amenazas, lo que permitió los allanamientos que finalmente desnudaron toda la estructura criminal.

Todos los detenidos y los elementos secuestrados fueron puestos a disposición de la justicia para continuar con las diligencias legales correspondientes.

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