“Molina Punta City” vs. “Taitalo”: el drama de las patotas integradas por niños de entre 7 y 12 años en Corrientes

Vecinos denuncian que menores de edad son utilizados por adultos armados para disputar el territorio. Gomeras, disparos de armas de fuego y una red de narcocriminalidad que avanza ante la falta de infraestructura social.

El barrio Molina Punta se ha convertido en el escenario de una preocupante escalada de violencia que mantiene en vilo a sus residentes. Según el testimonio de Fernando Marcópulos, médico, vecino de la zona y ex diputado nacional, los enfrentamientos entre bandas juveniles, identificadas con nombres como “Molina Punta City”“Taitalo City” y “Loma del Mirador”, han pasado de ser simples riñas callejeras a una organización compleja vinculada al control territorial. El testimonio de este vecino del barrio subsume el de muchos otros que se comunican con LT7, contando el drama que se vive en la zona.

Niños como “carne de cañón”

Uno de los datos más alarmantes revelados es la edad de los protagonistas. Marcópulos advirtió que los grupos están integrados por niños de entre 7 y 12 años, quienes se enfrentan inicialmente con gomeras, piedras y botellas rotas. Sin embargo, detrás de estos menores operan adultos de entre 25 y 30 años, armados con machetes y armas de fuego, que actúan en las sombras y dirigen a los chicos en la disputa por zonas de venta de estupefacientes, principalmente marihuana y cocaína.

De las gomeras a los disparos

La violencia ha escalado rápidamente. Mientras que en octubre del año pasado los incidentes se limitaban a vidrios de autos rotos por proyectiles de gomeras, en las últimas noches el sonido de las ondas ha sido reemplazado por el de las detonaciones. “Anoche se escucharon por lo menos entre seis y siete tiros; ya no es más solo la gomera”, relató el vecino, señalando que los delincuentes utilizan terrenos baldíos y montes, como un ex vivero de la zona, para vigilar a los vecinos y esconderse de la policía.

El “orgullo” en las redes sociales

Lejos de ocultar sus acciones, estas pandillas utilizan plataformas como Instagram para hacer gala de sus enfrentamientos, sumando seguidores y publicando contenido que reivindica su control sobre el barrio. Esta “socialización en la violencia” es vista por los residentes como un emergente del deterioro del tejido social y la desaparición de dispositivos de desarrollo social que antes contenían a los jóvenes.

Un sistema que regula en lugar de combatir

La respuesta institucional es otro punto de crítica. Los vecinos señalan que las patrullas policiales son insuficientes para enfrentar a grupos de 15 o 20 chicos guiados por referentes adultos. Marcópulos denunció que, en muchos casos, la autoridad parece “regular” la situación en lugar de combatirla, con operativos que a menudo caen en la estigmatización por la vestimenta sin atacar la infraestructura de fondo.

Hacia una “colombianización” del barrio

La falta de oportunidades laborales y la desaparición de las “changas” tradicionales han empujado a muchos jóvenes a depender de los “financiadores del narco”. Para los vecinos, el barrio está atravesando un proceso de “colombianización”, donde la infraestructura social es reemplazada por una organización delictiva que incluye desde reducidores de mercadería robada hasta prestamistas. “Es difícil convivir con esa infraestructura; hace falta una inteligencia distinta para abordar esto de forma multifacética”, concluyó el profesional.

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